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Juicio a la señora Marta¿Se requieren pruebas para documentar el poder de la primera dama Marta Saha gún en la Presidencia foxista y el despegue empresarial de sus hijos? ¿Se necesitan facturas, copias de contratos, testimonios de personas prominentes que demuestren cómo, al amparo de la Presidencia foxista, la señora impulsó a sus hijos mediante la presión y la coerción? ¿Qué es lo que realmente se desea y hacia dónde se quiere llegar? Si el objetivo de las pesquisas legislativas es la demostración de que violaron la ley y por tanto son sujetos a un juicio donde su libertad esté en riesgo, bienvenido, ya estuvo bien de que los presuntos tráficos de influencias queden fuera de la rendición de cuentas. Este proceso llevará a un abanico de empresarios, algunos muy vinculados hoy en día al candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador, que no sólo ayudaron al enriquecimiento de la segunda familia presidencial, sino que fueron ellos quienes animaron a la señora Marta a que les dejaran abrir a ellos, no a sus hijos, la puerta hacia el cielo empresarial. ¿Qué obtuvieron a cambio esos empresarios? Una vez más, si los legisladores buscan ir limpiando los andamiajes de las relaciones de los empresarios con la Presidencia en turno para ejemplificar con acciones draconianas que los tiempos han cambiado, bienvenido, la salud pública lo reclama. Sin embargo, debajo de todo el ruido estruendoso animado por medios y periodistas que antes trabajaron estrechamente con la Presidencia foxista, en particular con la propia Marta Sahagún, de quien se beneficiaron en varios sentidos, no parece haber realmente sed de justicia, sino de un ajuste de cuentas político derivado de la polarización que vive la contienda presidencial. Uno podría preguntarse, en ese contexto, si es válida la persecución política en contra de la señora Sahagún y sus hijos, y si es legítimo que se busque que rindan cuentas. La respuesta no puede ser moral, donde la ilegitimidad de algunos que buscan el castigo a la segunda familia presidencial no excluye los esfuerzos de muchos más que no ahora, sino desde un principio denunciaron y trataron de establecer contrapesos a los abusos de la señora Marta, como la llama el presidente Vicente Fox, y sus hijos. Pero el foco de la acusación en contra de Marta Sahagún tendría que ser revisado hacia un juicio político, porque el daño que ha hecho en ese ámbito es mucho mayor aún del que supuestamente incurrió en apoyo a sus hijos o con sus excesos de gastos. La influencia de Marta Sahagún sobre el Presidente es tan evidentemente notoria, que su único defensor real y activo a lo largo de los años ha sido el propio Fox. No ha habido ningún empresario, de aquellos que le ofrecieron en los albores del sexenio, introducir a sus hijos en el mundo empresarial, que haya metido sus manos al fuego en algún momento del sexenio; más bien, los más involucrados la abandonaron. Fox dilapida capital para defenderla, mientras sus aliados políticos están tratando de deslindarse. Hace algunos meses, cuando el presidente nacional del PAN Manuel Espino le ofreció una candidatura para el Senado por el Distrito Federal, la señora Sahagún le respondió que mejor se la dieran a su primogénito Manuel, quien se encuentra en el ojo del huracán. Hace pocas semanas, panistas connotados como Federico Döring, quien fue esbirro de fuerzas políticas superiores en la operación de los videoescándalos contra López Obrador, declaró que habría que deslindarse de esa familia. Fox persiste tercamente en la defensa de su esposa, subrayando el problema de fondo que se ha vivido en su sexenio, su dependencia emocional, que es por donde la señora ha infligido daño. Marta Sahagún no ha sido simplemente una primera dama energizante y dinámica. Ha sido una pesadilla. Algunos ex funcionarios de la Presidencia recuerdan comentarios de Fox que demostraban el miedo que le tenía a su esposa, temeroso de que algunas de sus acciones pudieran hacerla enojar. Cuando menos dos funcionarios que estuvieron cerca del cambio de dirección en Los Pinos respecto al desafuero de López Obrador, aseguran que la decisión final la tomó Fox cuando su esposa no estaba en casa. Incapaz de controlarla Fox, Marta Sahagún le hizo la guerra a secretarios de Estado como Jorge Castañeda, o a personas cercanas al Presidente como su ex vocero y secretario particular Alfonso Durazo, sobre quien realizó un hostigamiento que extendía a agresiones verbales el propio equipo de la señora. Fue ella, en compañía de otros panistas, quien jugó con el ex presidente Carlos Salinas para tratar de desbarrancar la candidatura de López Obrador. Fue ella, sólo ella, quien llevó las relaciones con el Vaticano a puntos de fricción por su tozudez a ser recibida por el papa Juan Pablo II, y generó dificultades al protocolo cuando algunos jefes de Estado, sencillamente, no la reconocían como esposa legítima del presidente Fox. Más aún, tras la tarea altruista que se supone hace una fundación, con la suya, Vamos México, se dedicó a sacar dinero a los empresarios de todo el país, y lo utilizó en los primeros años del sexenio para preparar una ruta crítica hacia la Presidencia, algo que acarició durante un buen tiempo. Desde Vamos México creó un gabinete social paralelo al legalmente constituido, generando serios problemas a los secretarios del ramo, en particular Desarrollo Social, con cuya entonces titular Josefina Vázquez Mota siempre tuvo una relación tensa, y obligando a otras secretarías a violentar las leyes para fortalecer su fundación y a ella misma. Marta Sahagún tensó siempre las relaciones políticas al grado que, en una decisión de Estado, Vicente Fox prefirió desposarla a mantenerla como su directora de Comunicación Social. Fue peor. Tomó decisiones políticas y mantuvo alterado a un Presidente locuaz en sí mismo y tan imprudente que él mismo reveló que su esposa también era co-Presidente. ¿Se busca enjuiciar a Marta Sahagún? En la toma de decisiones bicéfalas se encuentra el mayor daño a la nación. Por ello habría que llevarla al patíbulo.
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