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El presidente Vicente Fox ha venido confiando a sus amigos que no sólo piensa escribir un libro cuando termine el sexenio, sino que se incorporará al circuito de ponentes en las grandes universidades del mundo. Fox se ve ofreciendo ponencias magistrales en Harvard, Chicago o en la London School of Economics, invitado como orador central en eventos mundiales y tal y como, dijo él mismo, el ex presidente estadounidense Bill Clinton. Iluso. No sólo su prestigio está en números rojos desde hace tiempo, sino que se le anticipa un futuro menos que placentero. Y si el clima político permanece con la dinámica actual, terminará su mandato empatado con la persecución de su segunda familia, la Bribiesca Sahagún, a cuya jefa Marta terminarán de cobrarle los agravios cometidos a lo largo del sexenio. La señora Sahagún está declarando públicamente, obligada por las circunstancias, que las denuncias contra sus hijos tienen un origen político. Naturalmente. La política mexicana es sanguinaria y antropófaga, algo que un par de improvisados como la pareja presidencial, ignoraban. La señora debe estar notando que haber demandado a la periodista argentina Olga Wornat y al semanario Proceso en febrero del año pasado pudo haber sido el peor negocio de su vida. No sólo porque es probable que pierda, cuando menos, la demanda contra la revista, sino porque fue un error político el colocarse sola en el banquillo de los acusados en el inicio de la polarización electoral y, sobretodo, en la agonía del sexenio. La soberbia la cegó y la prepotencia exudada y exportada a sus hijos sin entender que la reina era perecedera, la puede colocar en la peor pesadilla de su vida. No va a haber tregua. Fox, cuya incontinencia verbal es patológica, ha saboteado él mismo la posibilidad de un acuerdo de paz con el PRI. En una ocasión rompió las condiciones cuando empezó a hablar de la corrupción de los ex presidentes priístas; en otra cuando siguieron alimentando la embestida contra el ex gobernador del estado de México, Arturo Montiel. Esta semana, se cree, la fuente de las grabaciones del gobernador de Puebla Mario Marín, con el empresario mezclillero Kamel Nacif donde muestran su perfil de sátrapas, es el propio gobierno que intentó echar humo a los problemas familiares de la casa presidencial. Fox, quien tiene un añejo problema con el PRD, ahora sumó a su lista de tozudos adversarios al PRI. En este rebotado contexto, la Presidencia está dando muestras claras de vulnerabilidad y, ante todo, temor. Tienen razón en estarlo, pues se está quedando solo, no como institución, sino como ente político. La relación con el PRD está totalmente desgastada, y las posibilidades de una negociación prácticamente impensables. Con el PRI, esta semana terceras personas hablando por Fox se acercaron a personas cercanas al candidato presidencial Roberto Madrazo para poder alcanzar una tregua. Las evaluaciones que se podrían haber hecho se derrumban con la entrega de grabaciones del teléfono de los poblanos -espionaje político puro--, y con los mensajes que están saliendo del gobierno que esta primavera Montiel será puesto en la cárcel. La reacción de Madrazo rechazando otorgarle pensión a ex presidentes, que ha sido una vieja bandera del candidato perredista Andrés Manuel López Obrador, es acaso un mensaje sutil de cómo está percibiendo el PRI hoy en día al Presidente.Tampoco tiene el PAN, con quien su falta de palabra en compromisos políticos los tiene bastante molestos. Una vez más, la locuaz lengua presidencial echó por la borda el acuerdo que tenía con el presidente nacional del partido, Manuel Espino, y con su candidato presidencial, Felipe Calderón, de callarse la boca sobre el tema y seguir dañando la campaña panista. Calderón había llegado a esta conclusión tras una serie de sesiones en su War Room, donde analizaron los rendimientos decrecientes por la falta de deslinde de los panistas con el problema de los hijos de la primera dama, y de la señora Sahagún también. El PAN y Calderón, formalmente, ya se deslindaron del escándalo del presunto enriquecimiento inexplicable, lo que permitiría suponer que la petición de la señora Sahagún a Espino de que le dieran una candidatura al Senado a su primogénito Manuel -se pensaría para concederle fuero en el próximo gobierno--, es un asunto cerrado. Cada día que pase será también más difícil nominar a la primera dama a un puesto de elección popular, porque entonces el PAN y Calderón quedarían ante la opinión pública como querer cubrirle las espaldas ahora que termine la administración foxista. Son estas señales de la debacle política de la pareja presidencial, que aún no tiene cuerpo pero se le empieza a configurar con bastante claridad. Fox no termina de darse cuenta o no quiere darse cuenta del enorme lastre que representa la defensa incondicional de los hijos de su esposa quienes, pese a la metralla en su contra, siguen pensando en negocios aéreos y aduanales en México y Estados Unidos. La terquedad del Presidente no tardará en brincar a la pregunta de si la defensa que hace de ellos no responde a su ceguera sino a cuestiones un poco más oscuras, como la posibilidad de que, al final de cuentas, este hombre que se vende como un tipo honesto, no lo sea tanto después de todo. Pero en la perspectiva, hay una cosa buena y una cosa mala que podrá presumir, de mantenerse esta ruta de colisión en el Olimpo. La buena es que sí podrá contabilizar un cambio profundo de los muchos de anticipó haría. La mala es que el nivel de castigo político postsexenal podrá llegar, vestida de barras, para cuando menos su hijastro y, si se sigue abriendo el conflicto, para su propia esposa.
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