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    Corte!... y Confesión
Ysabel Gracida
12 de mayo de 2006

En el hoyo

Juan Carlos Rulfo ha tomado de su padre dos vertientes centrales: una, el registro minucioso de la realidad que el escritor conseguía por la vía de las palabras y de su extraordinario trabajo como fotógrafo, y otra, una dimensión poética que parece incrustada en el hijo como parte de su mapa genético.

En su tercer documental, Juan Carlos Rulfo da cabal sentido a ambas zonas de esta herencia y, al mismo tiempo avanza hacia la conformación de su propia identidad artística.

En el hoyo (2006) es un trabajo que reafirma su temprana consolidación en el género documental y, al mismo tiempo, consigue despegarse de sus iniciales preocupaciones, más domésticas, más familiares (aunque no por ello menos universales), y se lanza de lleno a un escenario distinto, el de la gran ciudad de México, y a un presente en el que, sin embargo, no está roto el eje de la memoria.

El director apuesta por hacer visible lo invisible, por dar a los ojos del espectador un viaje a las entrañas -nunca mejor dicho- de una ciudad en construcción, de una ciudad que avanza en su fisonomía de gran urbe con un trabajo anónimo de miles de trabajadores que esconden detrás de sus precarios uniformes una gran cantidad de historias de vida con los claroscuros de cualquier ser humano.

Juan Carlos Rulfo da voz e imagen a El Chabelo, a El Grande, a El Chómpiras, a El Guapo, entre otros de los muchos trabajadores del llamado "segundo piso", y registra, además de sus apodos, sus nombres y apellidos, sus historias de vida, sus tristezas y cansancio, así como sus esperanzas y optimismo. Cada uno de los personajes que aparece en En el hoyo, adquiere una presencia, una esencia, una vida que se asoma brevemente a una cámara en la que El Güerito registra su cotidianidad.

La filmación del documental en la zona de Periférico y Las Flores, uno de los hoyos del segundo piso, tuvo de parte del director un registro minucioso de más de dos años, tiempo en el que fueron madurando los acercamientos con los protagonistas, pero también la percepción del cineasta, quien "con la ayuda de sus amigos" logró un trabajo lleno no sólo de calidades visuales y sonoras, sino también de seducción, de interés, de sugerencias pocas veces vistas en un producto que, en apariencia, tenía un tema de escaso interés.

Aunque el cine nacional ha mostrado con profusión la vida de los albañiles, a veces desde una mirada también poética como la de Vicente Leñero y Jorge Fons, son personajes que han sido vistos más por el cine popular como parte de una franja del cine de albures que los presenta en su dimensión más estereotipada. Juan Carlos Rulfo ha hecho un documental que rompe con el cliché del albañil del cine mexicano para dotarlo de un carácter más universal y más humano, al margen de solemnidades, sin que ello reste un ápice del drama que se esconde detrás de cada uno de quienes, literalmente, dejan la vida en una obra de las dimensiones que refiere la cinta.

En este sentido, ese registro casi de entomólogo, ese hurgar en las historias de seres anónimos, se hermana con otro documental, En construcción, de José Luis Guerin, quien también a lo largo de año y medio siguió fielmente el proceso de construcción de un inmueble en un barrio popular de Barcelona, y en el que se muestran las relaciones que se dan entre los operarios y sus vecinos. Hay en la cinta de Guerin una reflexión muy parecida a la que externa un personaje de En el hoyo: el sentido de su trabajo para la construcción de una modernidad a la que ellos no están invitados, por la que no podrán transitar.

En el hoyo es un documental extraordinario, un trabajo lleno de talento, al que contribuyen, además de los extraordinarios protagonistas, la dirección, guión y fotografía de Juan Carlos Rulfo, la música espléndida de Leonardo Heiblum, los sonidistas Natalia Brushtein y Mauricio Santos, más un delicada y precisa labor en la edición de Valentina Leduc.

*Crítica de cine

 
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PERFIL
 
Desde hace más de catorce años, Ysabel Gracida, profesora de tiempo completo de la UNAM, "conversa" con sus lectores en torno a diversos ángulos del fenómeno fílmico. Comparte su mirada personal sobre el cine y sus contextos haciendo de su trabajo un quehacer centrado en la intertextualidad. Prefiere las funciones matutinas en las que escapa (sólo un poco) de la dimensiones olfativas y auditivas que generan las "palomitas" y la brutal plaga de los celulares.
 
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