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"Chillones y chismosos"
Está claro que para los credos que se oponen a la interrupción del embarazo la del aborto es una batalla cultural perdida Más que el debate público -que ha resultado saludable, a pesar de su notable insuficiencia-, la lucha política por la llamada "despenalización del aborto" ha mostrado no sólo los extremos del fanatismo religioso, la intolerancia y hasta la agresión y el insulto de las partes en disputa -los "pro-vida" y los "pro-elección"-, sino que sacó de las catacumbas a amenazantes grupos fascistas, e hizo reaparecer el recurso fácil, pero harto destructivo, del terrorismo telefónico: la amenaza de muerte. Y pudiera resultar entendible -que no justificable- que ante la casi inevitable aprobación de la reforma al Código Penal del DF -que incorpora una quinta causal de aborto-, los grupos "pro-vida" recurran a medidas extremas de presión y terror hacia los que piensan distinto, hacia los legisladores que promueven y aprobarán la reforma, y hacia los que se dicen a favor de la "pro-elección". Pero también está claro que para la Iglesia católica, para los credos que se oponen a la interrupción del embarazo y para los grupos de derecha y extrema derecha la del aborto es una batalla cultural perdida. Y es que la realidad del aborto clandestino, sus datos duros de incidencia y causal de muerte de mujeres de escasos recursos, y las encuestas que en el DF demuestran que una mayoría de capitalinas está de acuerdo con la quinta causal de aborto, dejan claro que el dilema del "sí" o del "no" se resuelve en la vida cotidiana a partir de la conciencia individual, íntima de las mujeres -a partir de su realidad social, económica, educativa, y de desarrollo a futuro, entre otras variables-, más que por razones religiosas o principios filosóficos. Es decir, en la práctica cotidiana de millones de mujeres, la realidad individual se antepone no sólo al credo, sino que rebasa incluso las sanciones de Dios y de los hombres. Pero lo que no se justifica y cuesta trabajo entender, es que la dirigente del PAN en el DF, la joven Mariana Gómez del Campo, desestime las expresiones violentas, agresivas e insultantes de anónimos telefónicos y de grupos radicales de derecha, de evidente corte fascista -como el autodenominado Guardia Nacional Mexicana, versión moderna del sinarquista Guardia Nacional Cristera de México-, que recurren a la amenaza de muerte a legisladores y promotores de la quinta causal de aborto. Dijo la presidenta del PAN en el DF, al responder sobre las amenazas de muerte a legisladores y el despliegue de grupos fascistas contra los promotores de la quinta causal de aborto: "Yo les diría que no les tengan miedo a los ciudadanos, que no le tengan miedo a las amenazas, que no anden de chillones y de chillonas, y de chismosos y chismosas". ¿Qué tal? Una dirigente partidista, que llegó al cargo gracias a su parentesco con la familia presidencial, que justifica las amenazas de muerte y la violencia de grupos fascistas, que alienta el terrorismo telefónico y el cauce violento por sobre el institucional, y que se da el lujo de insultar a los que piensan diferente. Sólo le faltó el memorable "mariquitas sin calzones..." que hace no mucho acuñó Arturo Núñez, político tabasqueño salido del PRI y converso al PRD. Pero lo más grave sería si en la casa presidencial se piensa igual que Mariana Gómez del Campo. Si es así, que a todos "nos agarren confesados". Pero además, nadie le ha dicho a la señorita Gómez del Campo -y ella misma no se percata, acaso por su inexperiencia y porque de política no entiende nada- que recurre a la misma fórmula populista empleada por el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, cuando justificó los linchamientos y las expresiones violentas de sus seguidores contra los que pensaban diferente. "Es la gente agraviada", decía aquél. ¿Cuál es la diferencia entre AMLO y Mariana Gómez del Campo? Pero también está claro que tanto los grupos fascistas que en forma violenta insultaron a legisladores en la Asamblea Legislativa, como aquellos que por la vía telefónica amenazan a promotores de la ley, como la propia joven dirigente del PAN en el DF, están dando muestras de desesperación porque perdieron la batalla cultural contra el aborto y la contienda política para incorporar la quinta causal de aborto. Está claro que el tamaño de su fanatismo es del tamaño de la respuesta agresiva, terrorista, propia de los grupos de la ultraderecha. Y está claro que no entienden que las batallas políticas ni son definitivas ni para siempre, porque la aprobación de la quinta causal de aborto en el Código Penal del DF es apenas la primera batalla de una lucha política que -una vez aprobada por la ALDF- podrá pasar por el referéndum que permite la Ley de Participación Ciudadana, por una controversia constitucional en la Suprema Corte de Justicia -porque esa reforma contradice acuerdos internacionales-, y, en el extremo, por la movilización, también legítima, a favor de la llamada "cláusula de conciencia", para que los médicos que por conciencia estén contra el aborto se nieguen a practicarlos. Por lo pronto, el PAN del DF y parientes de la familia presidencial enseñan el cobre. Poca cosa. aleman2@prodigy.net.mx
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