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    Crónicas neuróticas
Rafael Pérez Gay
16 de julio de 2007

La buena noticia es que al fin terminaron las remodelaciones de los edificios que durante meses convirtieron nuestra casa en un laboratorio del ruido. La mala es que entre los vecinos que han venido a la colonia Condesa hay adoradores de los misterios eleusinos; es decir, hacen unas fiestas de órdago, sólo falta que arrojen animales muertos por las ventanas. Hemos pasado de la obsesión por el taladro al conocimiento de una franja de la juventud en diversos estados de éxtasis. Cuatro y veinte de la de la mañana, la música rasga la penumbra con el filo del estruendo. La línea de un estribillo irrumpe en el sueño profundo, entre los neurotransmisores que informan de esta exaltación: pásame la botella, voy a beber en nombre de ella. Sé cosas, no vayan a creer. Sé que esa línea viene de uno de los grandes éxitos de Match and Daddy, figurones del reggaeton. Desde el principio supe que a ese paso, los vecinos pondrían a la brevedad algo del universo tonal de Daddy Yankee: Gasolina, Lo que pasó pasó y otros discos de platino. Dicho y hecho. Regreso de lleno a la vigilia: se acabó la noche. Si ellos han terminado con mi noche yo debería terminar con su fiesta eleusina, pero estoy en inferioridad numérica. Me acobarda la idea de presentarme en su departamento en pants, con el pelo revuelto, y que un joven diga algo como esto:

- Mames güey, abajo hay un ruco malviajado que quiere que le bajemos a la chesta.

De la oscuridad asomo la cabeza hacia la luz pública de la calle. Enfrente de mi casa en una línea oblicua de no más de treinta metros está el departamento al que un arquitecto puso una terraza donde antes hubo una azotea con colgaderos para secar la ropa. Ahí ocurren los misterios eleusinos. A esas horas algunos invitados abandonan la fiesta. Una mujer le reprocha a un hombre una frase imperdonable:

- Eres un malacopa; un malacopa, güey.

Una sombra avanza a la mitad de la calle. Sólo la detienen las arcadas del vómito, se ha convertido en una fuente brotante. Lo sigue un compañero de la madrugada con un consejo inservible:

- Te dije que no te metieras esa móis, güey. Estaba durísima. Yo te llevo, güey, no te malviajes.

Me empiezo a sentir muy malviajado y camino por la recámara con las manos entrelazadas en la espalda tal y como lo hizo Fernando Soler en Juventud desenfrenada. Desarrollo pensamientos criminales. Pienso en la falla que produjo oquedades en Iztapalapa, en el enorme hoyo que devoró a un joven sepultándolo a veinte metros bajo tierra. Calculo que esas profundidades son el lugar natural de la fiesta de mis vecinos. Una parte de los invitados ha seguido las señales del amanecer, pero se quedan los más combativos. Se reorganizan y la fiesta sigue en la terraza. Oigo aplausos, gritos, música a todo volumen, triunfos del reggaeton. Alguien ordena:

- Que se oiga Rakata o Salió el sol, güey. Sé cosas en la oscuridad. Rakata es el éxito de Wisin y Yandel; Salió el sol, un bombazo de Don Omar. Sé bastante del reggaeton. Van a dar las seis de la mañana. Pregunto en la penumbra:

- ¿Cómo podemos detenerlos?

- No los paras ni con la policía -me responden-, la fiesta se terminará cuando se agote la última línea de cois y desaparezca la última pastilla de éxtasis.

Me alarmo como sólo se alarmaría Prudencia Griffel. Con las primeras luces del amanecer llegaron dos patrullas. Algún vecino intenta ponerle fin a la fiesta. Demasiado tarde. El escándalo cesa mientras las patrullas encienden sus torretas y emiten ese sonido que cuando no hay fiesta despierta al vecindario y yo no sé si es para perseguir o advertir a los ladrones de su presencia. Se van las patrullas. Sigue la fiesta. Me vence el cansancio en un sillón reclinable. No recuerdo qué soñé.

Glosario

Malviajar: actitud negativa ante los hechos de la vida diaria. Irritabilidad, estallidos irascibles, mal humor, tendencia a adoptar las malas ondas.

Güey: persona, animal o cosa. Palabra que sirve para designar a un compañero de la noche, también del día.

Chesta: fiesta. Celebración grande con música en altos decibeles, incluye baile, mezcal Tonayan, vómito y algunas veces lágrimas.

Malacopa: Bebedor con poca o nula tolerancia al alcohol. Persona que arma tremendos panchos cuando bebe cualquier bebida sancionada por Gay Lussac. Antes solía decirse mal vino.

Mois: Cannabis, marihuana, gallo.

Cois: Cocaína, caspa del diablo, deporte blanco.

Misterios Eleusinos: Famosos cultos mistéricos dedicados a Deméter, diosa Olímpica. Reventones muy serios.

 
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PERFIL
 
Mezcle una pizca de nostalgia, un tajo de psicoanálisis, dos cucharadas de humor, un kilo de letras francesas y una fuerte dosis de pasión; sáquelas todos los días a las calles del DF, ¿y qué sale? La crónica urbana, neurótica e irónica, de un capitalino de 48 años que se confiesa exasperante y exasperado por la vida en la gran urbe a la cual, no obstante, dice ser ?adicto?.

Es experto en la diatriba, pero en este espacio busca más bien mantener una conversación con el lector y componer una especie de elegía de la Ciudad de México y de la vida cotidiana en la que el teléfono celular se convierte en un talismán para conjurar (a duras penas) la inseguridad y el miedo.

?Habría que escribir una Oda al celular?, dice este autor de varios libros que, en el pecado de vivir en la Condesa lleva su penitencia: lidiar con lavacoches, traperos, valet parkings y restauranteros.

 
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