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La torre y la disputa
Kaspé contra Koolhaas. La partida de ajedrez del siglo. Dos grandes del tablero, dos mentes privilegiadas frente a frente decidiendo en cada movimiento la fama que los ha llevado a la contienda de dos titanes. Negras contra blancas, todo o nada. Cómo han cambiado las cosas. Ahora los arquitectos se apellidan como ajedrecistas. Puestas así las cosas a usted podría construirle su casa un Kasparov o un Matulovic. Por lo demás, a nadie atraería un duelo de ajedrez entre Mario Pani y Juan O’ Gorman. Veamos la verdad de estos nombres: Vladimir Kaspé fue un arquitecto ruso. Entre sus obras figura la construcción en 1948 de un edificio llamado Súper Servicio Lomas, ubicado en la calle Pedregal 24. En este conjunto hay una gasolinería, varios comercios, oficinas, un taller mecánico y un restaurante con una pista de baile. Gran idea del integrismo arquitectónico, pero les faltó una tortillería. Luego de llenar el tanque de gasolina, casi siempre se iluminaba la noche con un chispazo de seducción: ¿te gustaría bailar? Bueno, pero antes compramos las tortillas. Déme nada más un kilo y medio porque voy a cenar y a bailar y luego se ponen rete duras, ya ve como están dando el nixtamal. Quizá así era la vida de la ciudad de México en los años cuarenta, estrafalaria y misteriosa. En lo personal, no me llevarían ni amarrado a cenar y a bailar a un establecimiento que forma parte de un expendio de gasolina y un taller mecánico, pero ya sabemos la historia de los gustos y el género. Visto desde arriba, el edificio de dos pisos de Kaspé es feón. El bastimento parece un buque que aspiraba a ser casa de las Lomas y se quedó en un arrecife de coral destruyendo de paso el entorno ecológico. Visto desde abajo es simplemente horrendo. Un día corrió la noticia: de la obra de Kaspé quedarán escombros después del paso de la piqueta para que emerja en su lugar el rascacielos más grande de América Latina. Se llamará Torre del Bicentenario, un edificio de300 metros de altura y 70 pisos. La torre costará 6 mil 600 millones de pesos y sus patrocinadores se agrupan en el grupo Dahnos. Aquí aparece el segundo nombre de ajedrecista pues el jefe del proyecto es el holandés Rem Koolhaas. A la torre bicentenaria le han dicho catafalco, Tin Larín, locura megalómana, arquitectura salvaje. Todos los vecinos pusieron el grito en el cielo. El Instituto Nacional de Bellas Artes, que no mueve un dedo en materia de conservación arquitectónica, se apresuró a declarar Monumento Artístico el edificio Súper Servicio Lomas. Por cierto, las mismas autoridades han permitido que se derruyan antiguas casas de las colonias Roma y Condesa sin oponer ni leyes ni afanes de conservación urbana. Los vecinos hicieron manifestaciones apoyados por la delegada panista Gabriela Cuevas y los medios de comunicación se han dividido, a favor o en contra. Yo no sé qué pensar, pero supongo que no depende de mí que se erija o no la torre y se derruya o no el edificio de Kaspé, razón por la cual me siento tranquilo. Aun así he notado que los argumentos de Marcelo Ebrard a favor de la construcción de la torre tienen la fuerza del papel. Según el jefe de Gobierno, la torre le traerá a la zona enormes beneficios en materia de infraestructura y vialidades. Muy bien, nunca están de más los beneficios, pero ¿necesitan más provecho y rendimiento las Lomas de Chapultepec, Bosques de las Lomas, Polanco y Anexas? Si el modesto ideal de forma de vida que debe privar en esa zona es más o menos el de los jeques árabes, no lo dudemos: lo primero que hay que hacer es abrir un brazo de mar para que los vecinos de la zona tengan playa y puedan ir a la compra en yate, la verdad es que el tráfico está insoportable. Si se toma el camino a Toluca, luego a Morelia y más tarde a Guadalajara, en un abrir y cerrar de ojos hablaríamos de la costa de Bosques de las Lomas. A quién le toca tirar, ¿a las blancas o a las negras? ¿A Kaspé o a Koolhaas? Me da lo mismo, a mí siempre me ha aburrido el ajedrez.
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