Formato de impresión patrocinado por


Crónicas Neuróticas
Rafael Pérez Gay
El Universal

Lunes 14 de enero de 2008



Escombrar en enero

En la casa de mi infancia, el uso que se le daba al verbo escombrar era muy extraño. Esa acción no quería decir remover cascotes y derribos sino limpiar, deshacerse de cosas viejas e inservibles. En la casa de mi vida adulta escombrar quiere decir lo mismo y tiene que ver con raros ajustes de cuentas con el pasado. Para mi mala suerte todo empezó en mi clóset.

—Empiecen por otro lado —propuse para evitar manos extrañas entre mis pertenencias.

—Hay que escombrar ese clóset, no cabe ni un alfiler —me sentenciaron—. Yo saco las cosas y tú decides.

No fue fácil: un cinturón talla 30 que usé muchísimo cuando De la Madrid tomó el poder, directo para los niños pobres.

—Eso no le va a quedar a ningún menesteroso —me inconformé.

Sobra decir que desde hace años me mudé de talla. A ese proceso algunos le llaman embarnecer. Pues bien: yo embarnecí. Unas camisas blancas que me ponía con corbata, directo para los niños pobres. Durante una época absurda de mi vida usé traje y corbata. No se qué pensaba, quizás estuve loco, recuerdo que desde muy temprano salía con mi corbata bien anudada sobre el cuello de mi camisa blanca. Un traje de lino crudo, precioso:

—Me perdonas, pero éste no se lo damos a los niños pobres —pinté mi raya con firmeza.

—Lo usaste hasta el cansancio, parecías retrato. Además ya no te queda y está luído.

Me encrespé ante la provocación. Abandoné el cuarto con mi traje de lino crudo del cual no pensaba deshacerme. Me probé el pantalón y sufrí un cataclismo psíquico: al subir el cierre noté lo irremediable, no cerraba de la cintura. Caminé desesperado, como si hubiera recibido una noticia fatal. Regresé al cuarto y dije:

—De momento no me queda, pero me voy a poner a dieta y muy pronto, escúchame bien, muy pronto volveré a usar este traje.

—¿Entonces, lo dejo?

—Está bien que se lo lleven. De paso elimina una buena cantidad de corbatas, pero con mis sacos no te metas.

—Éste te lo ponías cuando Zedillo nos hundió en la crisis del 95. Han pasado 13 años. Pensé que algunos niños de la calle se vestirán tan bien que no parecerán pobres sino de clase media, en fin, no me hagan caso.

Mi clóset adelgazó dramáticamente y reveló una verdad que me negaba a admitir: mi verdadero guardarropa consta de una cuantas prendas elementales.

También escombraron el baño. De ahí salieron cosas muy interesantes, como por ejemplo mucho cordón y mucho mecate que habían vivido arrinconados durante años en el fondo de un armario de blancos. Puede ser que en el pasado tuviéramos animales de corral en la azotehuela y usáramos el mecate para hacerles un corralito; me dicen que no, nunca hubo gallinas en casa. Toallas de Mickey Mouse y Mimí. Las usaban los niños cuando eran niños, hace 10 años de eso. Más para los niños pobres. La limpieza del botiquín fue una revelación. El 90% de las medicinas que ahí guardamos estaban caducas. Todas a la basura. Odio los botiquines, nunca he logrado sacar de su interior alguna cosa sin ocasionar un derrumbe mayor. Quieres el Advil y tiras la Buscapina, las aspirinas, la pinza de las cejas, la Ciproxina, el Vick Vaporub. ¿quién usa Vaporub en casa? Misterio. Gocé viendo cómo se iban al cesto cajas y cajas de medicamentos que habían rebasado la fecha de caducidad. Yo mismo me sentí un tanto caduco.

Cuando la brigada de escombros se dirigió a la cochera, me alarmé. Sé muy bien que todo lo viejo y lo inservible se encuentra en esa sombra húmeda y en una cajonera ubicada al fondo del garage. Enumeraré algunas de las cosas que aparecieron: unas 50 pilas que según dicen un día irán a parar a un depósito donde reciben objetos de alta toxicidad, tres candados oxidados, un martillo roto, un macetón con tierra seca, clavos inútiles, una bicicleta con los rayos oxidados y la cadena rota. Las negociaciones con el barrendero para que se lleve toda esta basura van a ser largas, difíciles. Por paradójico que suene, los barrenderos nunca quieren cargar con la basura, ellos aspiran a que en las casas les entreguen objetos útiles y, si se puede, casi nuevos. Alguien me informó en secreto que la brigada se propone llegar al estudio donde trabajo. Eso jamás. Ustedes no pueden verme, pero estoy atrincherado. De verdad, no se les ocurra escombrar en enero.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL