Los precios de los productos alimenticios están subiendo en el mundo. Algunos de ellos de manera desproporcionada, pero en general todos por arriba de la inflación. Por eso es de criticarse lo que está sucediendo con el tomate en Estados Unidos.En una lucha que lleva ya varios años —que en nuestro país ha tenido escasa, por no decir nula, repercusión— miles de jornaleros, principalmente mexicanos pero también de otras partes de Centroamérica, agrupados en una coalición buscan un incremento en el pago que reciben por la recolección del tomate. Lo inaudito de la situación es que su demanda es por un centavo de dólar más por cada libra (450 gramos) de tomate que recogen en los campos de La Florida. También exigen mejores condiciones de trabajo. El salario mínimo por hora en ese estado alcanza casi los 70 pesos mexicanos; para ganarlo, los jornaleros tienen que recoger casi 15 kilos por hora, lo cual, se ha mencionado, es una tarea ardua que casi linda con la esclavitud. Los jornaleros han sido apoyados por otras organizaciones de trabajadores y por diversas organizaciones no gubernamentales de ese país. Incluso el tema ha llegado al Congreso estadounidense, donde han celebrado audiencias y varios de sus miembros han apoyado sus demandas. La influyente asociación de productores de tomate de La Florida, que agrupa casi a la totalidad de ellos y abastece más de 80% del tomate que se consume en ese país en el invierno, con soberbia se ha dado el lujo de amenazar con multas de 100 mil dólares a aquellas compañías que acepten pagar ese centavo adicional. Así se las gastan en el país de la democracia y la libertad. Después de mucha presión, algunas compañías se han visto obligadas a pagar el centavo de dólar. Hace apenas dos meses la empresa Burger King ha aceptado hacerlo, después de recibir miles de cartas solicitándolo, además del desliz de un funcionario de la empresa, conocido por la prensa, donde por internet describía a los jornaleros como “chupasangre” y “lo más bajo de vida humana”, según han comentado los medios. Pero todavía faltan otras. Son los casos de las conocidas empresas que operan en México, Wal-Mart y Subway, que hasta ahora se han negado a pagarlo. Es lamentable conocer de estos casos, en los que en realidad se explota a nuestros conciudadanos y hermanos de América Latina, mientras siguen muy orondos haciendo negocios. Al igual que han hecho diversas organizaciones en EU, deberíamos protestar y presionarlos de varias maneras, para que sientan que también en su país de origen los jornaleros tienen apoyo. Este caso muestra la realidad del sistema económico imperante. Los ricos productores de tomate y las cadenas comerciales y tiendas de comida rápida no aceptan pagar la cuantiosa cifra de un centavo estadounidense más —aproximadamente 10 centavos mexicanos— por medio kilo de tomate que recogen los jornaleros. Por cierto, este centavo sería el primer incremento que recibirían en 30 años. ¿Qué mejor ejemplo de explotación del trabajo humano se puede encontrar? Es una vergüenza lo que hacen. El gobierno mexicano debería intervenir a través de nuestros consulados para apoyarlos, no sólo en su petición sino en la comprobación de las condiciones de trabajo que, según comentan, son desastrosas y violan los derechos de los jornaleros, que aunque sean humildes tienen derechos. Analista político y economista |