El Estudio Económico y Social Mundial 2008, elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, se suma a la corriente de aire fresco en el pensamiento económico universal. Publicado con el sugestivo título de Overcoming Economic Insecurity, el estudio cuestiona la “apuesta arriesgada” en favor de la “capacidad de autorregulación de los mercados” y explora los caminos para superar la inseguridad económica provocada por circunstancias adversas como las recesiones y las trampas de pobreza.En línea con la moderna economía del desarrollo, el estudio de la ONU concluye que “la lucha contra la pobreza y la inseguridad en los medios de subsistencia sólo es posible mediante un crecimiento rápido del producto nacional y del empleo en el sector formal de la economía”. En consecuencia, el principal curso de acciones consiste en vigorizar el crecimiento. Para este efecto, el staff de la ONU considera necesario, en primer término, aplicar políticas macroeconómicas anticíclicas, a fin de superar los recurrentes ciclos de freno y arranque que reducen considerablemente las tasas promedio de crecimiento de la inversión, del PIB y del empleo. De manera específica, sugiere “fijar objetivos fiscales independientes de las fluctuaciones del crecimiento a corto plazo”, asegurando así niveles estables de inversión y gasto públicos. Además, “unos tipos de cambio competitivos y unas tasas de interés reales bajas serán también parte de la solución”. En segundo lugar, a partir de la experiencia de “los países en desarrollo que más han prosperado”, el estudio subraya que la clave radica en la “combinación de incentivos de mercado con intervenciones estatales decididas”. En efecto, políticas de fomento económico general para infraestructura, acceso al crédito, etcétera; así como políticas industriales sectorizadas que estimulan actividades estratégicas y encadenamientos productivos, resultan cruciales para inducir sinergias permanentes que favorecen notoriamente el desarrollo. De manera especialmente relevante, las políticas educativas, de desarrollo científico-técnico, capacitación e inducción de la innovación, se encuentran en la base del éxito económico de las naciones, como una poderosa palanca para elevar la productividad y generar empleos cada vez mejor remunerados. Sin embargo, para superar la inseguridad económica es también necesario un segundo gran curso de acciones: la aplicación de “políticas sociales universales basadas en un contrato social firme”. En efecto, sistemas públicos eficaces de salud, seguridad social, vivienda, etcétera, combinados con políticas de ingreso orientadas a reducir la desigualdad, contribuyen decisivamente no sólo a reducir la inseguridad económica, sino también a conformar un robusto mercado interno crucial para el desarrollo. Finalmente, el staff de la ONU sugiere “adoptar un enfoque más integrado de las políticas económicas y sociales”. Las estrategias específicamente orientadas a la atención de los grupos sociales vulnerables son cruciales para romper los círculos de pobreza, pero la clave del éxito consiste en ir más lejos de las acciones asistenciales, mediante la provisión de servicios básicos (salud, educación, agua potable, caminos, etcétera) y de programas microeconómicos y microrregionales que impulsen la productividad, la innovación y los encadenamientos productivos. En palabras del staff de la ONU: “La cohesión social no es un lujo sino un componente necesario de un sistema sano y dinámico”. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |