Los resultados de no tener una política comercial e industrial están a la vista ahora que las negociaciones de la llamada Ronda de Doha han fracasado debido a la posición proteccionista de los países desarrollados, que se niegan a reducir los cuantiosos subsidios que dan a sus agricultores en perjuicio de la supervivencia de millones de personas.El tipo de industrialización promovida por los organismos internacionales y seguida al pie de la letra por muchos países como México, liberalizando los mercados regidos sólo por la competencia y sobre todo por la especulación, ha acabado con la soberanía alimentaria de los países pobres. Como bien expresa Leonardo Boff, “ninguno de los países desarrollados piensa en colocar más dinero en manos de los hambrientos para que puedan comprar comida y sobrevivir. Pueden morir de hambre delante de una mesa repleta a la cual no tienen acceso”. El ex presidente Zedillo, en un artículo publicado en la revista Forbes, escribe que las distorsiones más graves y dañinas en el mercado agrícola han sido producidas por los países desarrollados y agrega, para no dejar su tradicional postura inflexible, que es un “absurdo” la meta de la soberanía alimentaria. Hoy, frente a la situación del mundo es un contrasentido. Países como Haití, al que convencieron de que era más rentable sembrar mangos y, con el producto de su venta, importar el arroz —su dieta básica—, han producido más pobreza y hambre. Pero lo más grave es que la agencia de desarrollo estadounidense insiste en que la soberanía alimentaria no debe ser una meta, ya que hay suficiente comida en ese pobre país. El único problema es que los pobres no tienen dinero para comprarla. Esta muestra de cinismo es la que está afectando a todo el orbe. Utilizar cada día más granos para la producción de biocombustibles y el desprecio del gobierno estadounidense ante las peticiones de reducir sus subsidios —y cuya única respuesta ha sido, en su nueva ley agrícola, aumentarlos— harán que crezca la pobreza de muchos, incluyéndonos. El gobierno mexicano debería tomar muy en serio lo que está ocurriendo y ponerse a trabajar sobre el futuro de nuestros campesinos y, sobre todo, poner en la mesa de discusión si la soberanía alimentaria es o no un absurdo. India, China, Vietnam y Brasil, entre otros, han tomado medidas para asegurar en primer lugar el abasto interno y luego la exportación. México podría aprender de los países que se preocupan por sus pueblos. La solución no es dar unos pesos más a los pobres, como está haciendo el gobierno actual, sino fijar una política que nos permita ser autosuficientes en los principales granos que consumen los mexicanos. Por más ayudas que se den, del tipo del fallido lema “vivir mejor”, no mejorará la situación de pobreza de nuestros campesinos, obreros y clase media. ¿Qué más falta que ocurra para demostrarles que el neoliberalismo, con su apertura de mercados y sus tratados de libre comercio, no ha dado los resultados que esperaban y reconozcan que dicho modelo económico está condenado al fracaso? La soberanía alimentaria debería ser la primera prioridad, a pesar de que algunos “expertos” la consideren un absurdo. Cuando teníamos los silos llenos con la producción nacional estábamos más tranquilos y en mejores condiciones que las que tenemos hoy. Esta es la cruda realidad. Analista político y economista |