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"Juega
sucio gente de Fox" Marco Lara Klahr y Mario Cerrillo/Enviados LA REALIDAD, Chis.
Al final de cualquier tarde, en el paso del día a la noche, durante
dos horas de entrevista a media selva el "subcomandante insurgente
Marcos" hace para EL UNIVERSAL un recorrido por los asuntos de la
agenda zapatista. Sin embargo, de todo lo que más preocupa a "Marcos" es aquello que califica como "la suciedad" en ciertas actitudes del secretario de Relaciones Exteriores Jorge G. Castañeda y el asesor presidencial Adolfo Aguilar Zinser. Denuncia que ambos miembros del "foxigabinete" le han enviado emisarios para establecer contacto directo, |
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buscando marginar a Luis H. Álvarez, el comisionado para la paz del presidente Vicente Fox, "porque quieren quedarse con la silla del negociador y acaparar el capital político que ello significa". Al "subcomandante" se le observa muy delgado, pero correoso. Viene al encuentro, camisola café, pantalón negro, botas lodosas, cananas al pecho, la gorra que fue beige remendada hasta lo imposible, las armas en su sitio y una "diadema" de radiocomunicación. Antes de que se le logre estrechar la mano, en un saludo fuerte, llega el olor a tabaco que lo envuelve como un halo. Durante la charla el líder guerrillero dice asumir los riesgos que implica la marcha de los 24 delegados rebeldes al centro del país, a mediados del mes próximo, e impugna los argumentos antizapatistas. En concreto, advierte que el rechazo de los empresarios a la marcha "es un halago", pues "significa que uno no es el Ricky Martin de los pobres". Y del obispo Onésimo Cepeda dice, sencillamente, que "me da risa". Asimismo, en esta, la primera de tres entregas, el "subcomandante Marcos" le formula una "pregunta primordial" al presidente Vicente Fox Quesada: "¿Quiere dialogar realmente con nosotros o somos un elemento mediático más en su campaña poselectoral?". Acusa a Castañeda y a Aguilar de protagonismo Marco Lara Klahr/Mario
Cerrillo/Enviados A siete años de su aparición pública, con la angulosa imagen del general Emiliano Zapata a sus espaldas, en torno de una mesa rústica se afianza a su pipa y, como mago de su chistera, va haciendo aparecer temas. Como haga para estar tan al día es asunto suyo, pero no hay cabo que deje suelto, porque además ha sido su forma de hacer la guerra y perseguir la paz. Durante dos horas de charla, el jefe rebelde se embarca en cuanto tema. Ni pestañea al reconocer que el viaje a la ciudad de México entraña diversos peligros. Propone al gobierno foxista que rectifique en su política de “abarrotero cuentachiles” al negociar. Sostiene que, sobre todo, los zapatistas quieren, cuanto antes, la paz. Refuta diversas posiciones de figuras públicas antizapatistas. Se ceba en el neoliberalismo. Exalta las virtudes de la iniciativa de ley sobre derechos y cultura indígenas. Y la chistera da para más. Sin embargo, sobre cualquier otro hecho, le inquieta eso que llama “la suciedad” en ciertas actitudes del canciller Jorge G. Castañeda y el asesor presidencial Adolfo Aguilar Zinser, quienes “están peleando por la silla esa” (es decir, la que hoy ocupa Luis H. Álvarez). Específicamente, denuncia que ambos desplegaron una agresiva estrategia para negociar al margen del comisionado para la paz y capitalizar el mérito de firmar el acuerdo de paz con los zapatistas. Juegos de poder Conforme se aproxima el 24 de febrero, cuando los mandos zapatistas emprenderán el recorrido por el país que desembocará en la capital del país (donde tratarán de encontrarse con legisladores) el 11 de marzo, aparecen más opiniones adversas y con mayor carga virulenta. El alto clero, la cúpula empresarial, sectores de la ultraderecha, la derecha y priístas, funcionarios públicos, legisladores, todos tienes algo que decir. “Subcomandante”, ¿para los zapatistas, cuáles fuerzas resultan más adversas en el camino hacia la construcción del diálogo?, ¿dónde ven el mayor obstáculo? Vemos el mayor obstáculo en las disputas de la clase política. Está en juego quién va a capitalizar del otro lado el eventual éxito de la negociación con el EZLN y eso hace que en esas pugnas internas se trate de sabotear el éxito de la mesa. Es la misma historia de estos siete años: en cuanto algo empieza a salir bien, hay que torpedearlo, “porque queremos el lugar que tiene él”, en este caso, el que está frente a los zapatistas; “porque ese se va a llevar la salida en la foto, aparte del prestigio y la autoridad moral; porque va a poder decir ‘nosotros conseguimos la paz y reconocimos una deuda histórica, lo que nadie había hecho en 500 años’”. Este es el principal obstáculo entre la clase política profesional. Y me refiero no sólo a diputados, senadores y miembros del gabinete, sino al alto clero que hace política, como el caso de Onésimo Cepeda. Hay un caso sintomático de todo esto: oficialmente, el comisionado para la paz es Luis H. Álvarez, sin embargo miembros del gabinete están tratando de hacer contacto con nosotros para dialogar; por ejemplo, Jorge Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser. ¿Por su cuenta o como emisarios “alternos” del gobierno federal? Por su cuenta, digo yo, porque si fueran enviados, para qué está entonces Luis H. Álvarez. Fox nos dice: “Voy a tratar con ustedes a través de Luis H. Álvarez”. Y respondemos: “Sí, lo respetamos, aunque ahora es del gobierno y lo tenemos que tratar como representante del gobierno”. Entonces, ¿por qué su canciller y su responsable de seguridad nacional están intentando contactarnos? ¿Por qué creen ustedes? Porque están peleando por la silla esa (o sea, la de Álvarez), porque saben que nuestra voluntad es sincera y que nos vamos a sentar hasta que haya la paz, y piensan: “Si esa silla la va a tener Luis H. Álvarez, pues no, la queremos nosotros”. Saben también que no es lo mismo arreglar Tabasco o Yucatán, sino que en nuestro caso estarían resolviendo un problema de impacto nacional e internacional. Por eso Castañeda y Aguilar Zinser nos hacen llegar mensajes, nos mandan decir: “Quiero esto y esto otro”. Pensamos que no es serio y nos lleva a preguntarnos qué está pasando en el gabinete, pues además nos han sugerido que Luis H. Álvarez no sirve porque tiene mucha edad. ¿Tal cual? Sí. ¿Con cuánta gente del gobierno federal tenemos que hablar? ¿Cuántos comisionados hay? ¿Qué tienen que hacer el secretario de Relaciones Exteriores o el responsable del Consejo de Seguridad Nacional? Con esa actitud están dando patadas y lo leemos con preocupación, porque así nos han arruinado en negociaciones anteriores. ¿Ha habido quien les diga, explícitamente, “el señor es parte de la tercera edad y no sirve para negociar”? Sí. Y nos lo dicen a los zapatistas, cuando para nosotros la gente de edad tiene un lugar especial, porque de ella viene la sabiduría indígena. De esa suciedad exactamente es su juego; sugieren que “a lo mejor no hay contacto con Luis H. Álvarez, no porque desde el gobierno no demos señales, sino porque Alvarez está viejito o porque no lo queremos” y se ofrecen en su lugar. ¿Cómo van a responder a estos intentos de seducción alterna? Siendo claros. Para nosotros el comisionado de paz es el que designó Fox y cuando se cumplan las tres señales nos vamos a sentar a dialogar con él. Si Fox quiere poner a otro, que lo diga y con ese hablaremos, pero no vamos a abrir otro canal. Entendemos que traigan esa bronca en el gabinete, pero no podemos apostarle al futuro de paz a ver quién nos gusta más o a hablar con tres al mismo tiempo. El problema es que ellos no están pensando en la paz y en los derechos indígenas, sino en aparecer en la foto, frente a nosotros. “Cepeda me da risa” Ante las opiniones más recientes del clero, del empresariado, de funcionarios acerca del EZLN, ¿tienen ustedes una respuesta visceral, se arman de paciencia, ironizan? Unas son honrosas. Por ejemplo, cuando el sector empresarial va a Los Pinos a pedirle a Fox: “No dejes salir de Chiapas a los zapatistas”, es un gran halago; significa que uno no es el Ricky Martin de los pobres y del cual no te debes preocupar, porque no te preocupa un personaje mediático, aunque vaya por todas partes y lo que te inquieta más bien es que haya revuelo social. Entonces, con su actitud los empresarios están diciendo: “Reconocemos que los zapatistas son un actor social y no un fenómeno mediático”. De Onésimo Cepeda, me da risa, porque inmediatamente exhibe cómo va cambiando. Era labastidista a morir, el 2 de julio se hizo foxista y a la hora en la que los zapatistas tengan éxito dirá: “Yo siempre he sido zapatista, ¡vivan los pobres diablos!”. Eso sí da risa. En cambio, lo que nos preocupa, y esperemos que sea sólo un problema de acomodo dentro del poder, es la grilla de la que hablaba antes (y aclaro que no hay duda de que vino del canciller una de las propuestas para dialogar marginando a Luis H. Álvarez). Nos preocupa que empiecen a bombardear al negociador de Fox y así leemos también eso de que “ya no habrá más señales hasta que nos sentemos a dialogar” o que ahora planteen: “Ya no vamos a retirar al Ejército, ya no vamos a dar señales para que se sienten los zapatistas con Luis H. Álvarez; vamos a buscarle mejor por otro lado”. “Fox en campaña“ Aparte, el “subcomandante Marcos” piensa que tanto a ciertos sectores de la sociedad como al propio presidente Fox les inquieta más el impacto mediático internacional del conflicto zapatista, que una salida negociada que conduzca a la paz, y que el viaje de los mandos del EZLN al centro del país servirá, entre otras cosas, para calibrar hasta dónde el peso de la sociedad civil será determinante en la actitud del gobierno. Para ampliar la información sobre el sentido del viaje de los 24 mandos zapatistas, ¿qué es exactamente lo que irán a buscar? Lo que estamos planteando es que éste es un buen momento para llegar a la paz, pero antes se necesita un diálogo, porque hay una declaración de guerra y un ejército rebelde, el nuestro, que plantea una serie de demandas. No podemos hacer tabla rasa de la historia de estos siete años, pero en general hemos visto que de la parte gubernamental ha habido una simulación del diálogo y que en realidad se ha pretendido siempre tratar de resolver el problema por la vía militar; a veces por medio de la presión militar contra las comunidades y a veces intentando golpes quirúrgicos contra la Comandancia General del EZLN y el Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Fue el caso del 3 de enero de 1998, cuando salía (Emilio) Chuayffet y venía (Francisco) Labastida, y entró el Ejército a La Realidad tratando de tomarnos presos. O el del 10 de febrero de 1995, cuando teníamos una cita con (Esteban) Moctezuma y no obstante el gobierno lanzó la ofensiva sobre Guadalupe Tepeyac, entre otros lugares. Y hoy tenemos el temor de que la aparente disposición al diálogo de Vicente Fox no sea más que una estrategia mediática en la cresta de la campaña, porque aunque ya terminaron las campañas presidenciales y el 2 de julio ya se resolvió, parece que Vicente Fox sigue con campaña electoral y quiere usar Chiapas, el diálogo y a los zapatistas como algo que le sirva para realzar su imagen mediática, sobre todo en un periodo en el que la supuesta transición de terciopelo es muy rasposa; ahí están los ejemplos de Tabasco y Yucatán, el auge del narcotráfico y del crimen organizado, y la fuga de “El Chapo” Guzmán. Hay muchas piezas sueltas del rompecabezas y, de todas, una tiene impacto internacional: la lucha zapatista. A partir de que el neoliberalismo se vuelve un modelo dominante en el mundo, la imagen internacional es la que más pesa en los gobiernos; y en este caso, por sus características propias, la lucha zapatista tiene mucho impacto internacional y nuestro temor está en que el afán de diálogo de Fox no sea para resolver el conflicto, sino para proyectar una imagen favorecedora en los medios internacionales. Nosotros queremos entrarle al diálogo y llegar a la paz; terminar la guerra y dedicarnos a otras cosas como personas comunes y corrientes. Necesitamos llegar a acuerdos con la otra parte y que esos acuerdos se cumplan. Frente a eso, la pregunta primordial es: ¿Quiere Fox dialogar realmente con nosotros o somos un elemento mediático en su campaña poselectoral? Y nosotros se la hacemos al señor Fox. |
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