Virgencita, protégelos del narco
Natalia Gómez
El Universal

Viernes 04 de julio de 2008

Visita a la Guadalupana fue marcada por bendiciones y reclamos. Mostrar la cercanía de McCain con México, el objetivo

natalia.gomez@eluniversal.com.mx

E n pocos minutos, John McCain recibió bendiciones y maldiciones. Desde el altar mayor, frente al ayate de Juan Diego, el rector de la Basílica de Guadalupe, Diego Monroy, puso sus manos sobre la cabeza de John McCain, virtual candidato presidencial del Partido Republicano, para encomendarlo a la patrona de los mexicanos.

No sólo eso recibió el político estadounidense. A su paso por el templo mariano, también tuvo que cargar con los reclamos de quienes le gritaron: “con la fe del pueblo no se juega”.

Un joven de 20 años, llamado José Alfonso Corral Correa, interpeló al precandidato con el pelo del todo cano y que camina encorvado: un veterano de la guerra de Vietnam de 71 años, de religión bautista (grupo importante del cristianismo protestante), que cree en la separación de la Iglesia y el Estado.

McCain, al oír su nombre que provenía de unos 30 metros de distancia, volteó unos segundos; nada lo paró y continuó su recorrido.

Para el equipo del republicano, la Basílica era una estación obligada. La foto frente a la Guadalupana sería la prueba de su cercanía con América Latina y con México.

Ninguna otra imagen del candidato del Partido Demócrata, Barack Obama —si se concreta su visita a México— superaría este encuentro con la Guadalupana, a quien McCain ofreció incluso, un ramo de rosas blancas ante más de 50 medios de comunicación.

Desde las 7:55, McCain apareció en la Basílica con su esposa Cindy y su comitiva conformada por el embajador de Estados Unidos en México, Antonio Garza; Jeb Bush, ex gobernador de Florida y hermano del presidente estadounidense, George W. Bush, y los senadores Lindsay Graham y Joe Lieberman.

Casi dos horas estuvo McCain en la Basílica de Guadalupe. Siempre escoltado por personal del Servicio Secreto de Estados Unidos, Policía Federal y Estado Mayor Presidencial, recorrió la sacristía, el altar mayor y la capilla abierta conocida como Balcón Papal, donde el precandidato pudo observar en panorámica el atrio del templo mariano y saludar desde lo alto a algunos peregrinos, que ni siquiera lo reconocían.

McCain, pese a no ser católico, fue cobijado por el manto de la Virgen, porque ella, dice Diego Monroy, no hace distinciones y el templo guadalupano “es la casa de todos y cualquiera sin importar religión e intereses puede visitarla”.

“Yo no entro a la intención. El mal uso que se pueda hacer de esta visita ya no es responsabilidad mía”, dijo el prelado, quien en el corto tiempo que estuvo con McCain pudo darse cuenta de que el precandidato estaba muy emocionado de visitar la Basílica y conocer a la Guadalupana, a la que, según el rector, le pidió por el bienestar de los militares estadounidenses y mexicanos, en especial los que luchan contra el narcotráfico.

La presencia de McCain era notoria, no por su popularidad, sino por el dispositivo de seguridad y los medios de comunicación. Algunos fieles, que temprano se levantaron para acudir a misa preguntaban: “¿Y quién es ése?”, “es John McCain, el candidato a la presidencia de Estados Unidos”, se escuchaba.

“¡Ahh!, es verdad, pero ni la Virgen lo ayudará, va a ganar el negrito”, comentaban.



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